Cada cuánto conviene hacerla, cuánto dura, si duele, si deja los dientes más blancos y de qué depende el precio. Respondemos las dudas que más nos llegan sobre la limpieza dental profesional y explicamos cuándo el caso deja de ser una limpieza y pasa a ser periodoncia.
La limpieza dental es uno de los motivos de consulta más frecuentes en nuestra clínica de la calle Adriano, en Sevilla. Estas son las preguntas que más nos llegan y lo que contestamos en consulta.
Es información general y no sustituye a una valoración. Cada boca es distinta, y lo que necesita la tuya solo se sabe tras una exploración.
En consulta la llamamos profilaxis o tartrectomía. Los tres nombres se refieren a lo mismo: retirar la placa bacteriana y el sarro que el cepillado en casa ya no puede quitar, por encima de la encía y en su borde.
Conviene no mezclar términos. La limpieza es una cosa. El raspado y alisado radicular, que mucha gente conoce como curetaje, es un tratamiento distinto: se trabaja por debajo de la encía, con anestesia, y forma parte de la periodoncia.
La sesión suele seguir el mismo orden. Primero, una exploración de dientes y encías. Después, ultrasonidos, que desprenden el sarro por vibración. Luego un pulido y, en algunos casos, un aeropulidor tipo air flow para las manchas externas. Al final se puede aplicar flúor y se repasan las zonas que se escapan al cepillado.
Entre treinta y sesenta minutos, y en una sola sesión, cuando no hay problemas de encías. Se sale de la consulta y se hace vida normal.
El tiempo sube si hay mucho sarro acumulado o inflamación importante. Y si hace falta trabajar por debajo de la encía, ya no hablamos de una limpieza: es otro tratamiento, que se planifica y se presupuesta aparte.
Porque la placa se endurece. En cuestión de días se mineraliza y se convierte en sarro, que ya no sale con cepillo, ni con seda, ni con los remedios caseros que circulan por internet. El bicarbonato o el limón no lo disuelven, y sí pueden dañar el esmalte.
Además hay zonas donde el cepillo no llega, sobre todo bajo el margen de la encía. Ahí empieza buena parte de los problemas de encías. Un buen cepillado retrasa la aparición del sarro, pero no sustituye a la limpieza.
No hay un intervalo único que valga para todo el mundo. Se decide según el riesgo de cada persona, y lo habitual está entre seis y doce meses.
Si las encías están sanas, no sangran y la higiene en casa es buena, muchos casos se controlan bien con una limpieza al año. La frecuencia suele acortarse a cada tres o cuatro meses en personas fumadoras, con diabetes, con enfermedad periodontal ya tratada, con implantes, con ortodoncia fija o con tendencia a acumular sarro deprisa.
El embarazo merece una línea aparte. La limpieza puede realizarse durante el embarazo y las guías recomiendan no espaciarla, porque en ese periodo las encías se inflaman con más facilidad. El segundo trimestre suele ser el momento más cómodo. La pauta concreta la marca quien te revisa, con tu situación delante.
En la mayoría de los casos, no. Se nota vibración, agua fría y algo de cosquilleo, pero no suele describirse como dolor.
Molesta más cuando ya hay inflamación, cuando las encías sangran o cuando los cuellos de los dientes están expuestos. Por eso conviene no ir aplazándola: cuanto más sarro hay, más incómoda resulta la sesión.
Una limpieza no suele necesitar anestesia. La anestesia entra en juego en el raspado por debajo de la encía, que es otro tratamiento. Si te da miedo el dentista, dilo al llegar. Se puede ir despacio y explicarte cada paso.
Antes de empezar te preguntamos por tu historia médica. No es un trámite administrativo: hay situaciones que cambian cómo se prepara y cómo se hace la sesión.
Cuéntanos si tomas anticoagulantes o antiagregantes, si llevas una válvula cardiaca o has tenido una endocarditis, si sigues algún tratamiento que baje las defensas y si estás embarazada. Trae también la lista de la medicación que tomas y, si hay algo en curso, el contacto de tu médico.
Con esa información se decide el momento de la cita, cómo se plantea la sesión y si conviene hablar antes con tu médico. Si algo cambia entre la cita y el día de la limpieza, dínoslo al llegar.
Sobre esmalte sano y con la técnica adecuada, no. El ultrasonido no talla el diente: vibra a una frecuencia que fractura el sarro, que es un depósito duro pegado a la superficie.
Hay matices que conviene decir. En raíces expuestas, donde ya no queda esmalte, sí puede producirse pérdida de sustancia, y sobre empastes, coronas o carillas se trabaja con más cuidado o con otros instrumentos. Por eso preguntamos qué tienes puesto y desde cuándo.
Lo que sí aparece a veces es sensibilidad al frío durante unos días. De ahí viene la sensación de que algo se ha gastado.
Hay otro comentario habitual: me han quedado huecos entre los dientes. La encía inflamada ocupaba más sitio y, al desinflamarse, se retrae y deja a la vista el espacio que la enfermedad ya había creado. No es que los dientes se hayan movido.
No. Es la confusión más frecuente y conviene separarla bien.
La limpieza retira sarro y manchas externas: las del café, el té, el vino tinto o el tabaco. Como el sarro tiene un tono amarillento, al quitarlo los dientes se perciben más claros y más lisos. Pero el color propio del diente no cambia, porque ese color está dentro.
Ahí entra el blanqueamiento dental, que actúa sobre el color interno y es un tratamiento aparte, con su indicación y su presupuesto. Las manchas de origen interno no se van con una limpieza. En la valoración se ve si tu caso se resuelve con un blanqueamiento o con otra cosa. De estética dental y prostodoncia se ocupa la Dra. Beatriz Cuenca.
Sangra la encía inflamada, no la sana. Que sangre durante la limpieza no significa que se esté haciendo daño: significa que ahí había inflamación.
Después es habitual un sangrado leve al cepillarse durante dos o tres días, que va a menos, y algo de sensibilidad. Si en vez de bajar aumenta, o si al cabo de una semana sigue igual, conviene revisarlo: puede haber una enfermedad de las encías por debajo.
Una limpieza actúa por encima de la encía y en su borde. Cuando la enfermedad ha avanzado y hay bolsas periodontales, con pérdida de hueso alrededor del diente, eso ya no se resuelve con una profilaxis.
En ese punto se pasa a periodoncia: raspado y alisado radicular, lo que mucha gente conoce como curetaje. Se hace con anestesia y, según la extensión del caso, en una o en varias sesiones. Después se entra en un mantenimiento periódico, cada tres a seis meses según el riesgo de cada persona. Es otro tratamiento y tiene su propio presupuesto.
Encías que sangran a diario, mal aliento que no se va, dientes que se notan más largos o con algo de movilidad son motivos para revisarlo. Distinguir una cosa de otra exige ver la boca y, casi siempre, una radiografía. De la periodoncia, junto con la implantología y la cirugía, se ocupa el Dr. Giovanni Bergamo.
El precio depende de lo que haya que hacer, y eso solo se sabe después de explorar la boca. Pesan la cantidad de sarro acumulado, el estado de las encías, si hay que trabajar por debajo del margen, si el caso necesita anestesia y si la tarifa es libre o viene de un seguro dental.
El raspado y alisado radicular se presupuesta aparte, porque es un tratamiento distinto y suele repartirse en varias sesiones.
Sobre la cobertura pública, conviene decirlo con precisión. Con carácter general, la limpieza dental no está incluida para la población adulta, aunque existen colectivos concretos con derecho a ella. La cartera de servicios cambia con el tiempo, así que lo prudente es consultar la vigente en tu caso o preguntar en tu centro de salud. Algunas pólizas privadas incluyen una higiene al año: merece la pena revisar las condiciones.
Preferimos no publicar una cifra cerrada sin haber visto la boca. En la valoración se explora, se te explica qué necesitas y conoces el coste antes de empezar nada.
Si se ha aplicado flúor, la pauta depende del formato. Con gel o espuma, no comer ni beber durante treinta o sesenta minutos. Con barniz, dieta blanda y sin cepillado ni colutorio durante unas horas. En consulta te decimos cuál se ha usado y qué hacer en tu caso.
El resto es sencillo. Evita el tabaco ese día y deja para más tarde el café, el té y el vino tinto: el diente recién pulido capta antes el color. Y si notas las encías sensibles, cepillado suave durante unos días.
Si buscas una limpieza dental en Sevilla, estamos en la calle Adriano 28, en pleno centro. La primera visita es de valoración y no tiene coste: se explora, se te explica lo que hay y se te da el presupuesto por escrito.
Y si hace años que no vas al dentista, no hace falta que llegues con una explicación preparada. Se mira, se te cuenta y decides tú.
Este contenido lo firma el equipo de la Clínica Dental Drs. Cuenca & Bergamo, en la calle Adriano 28 de Sevilla. La estética dental y la prostodoncia las lleva la Dra. Beatriz Cuenca. La periodoncia, la implantología y la cirugía, el Dr. Giovanni Bergamo.
La información de esta página es general y divulgativa. No sustituye a una consulta ni a un diagnóstico individual.